Cuidemos de nuestra salud, acudamos a un profesional sanitario, a un fisioterapeuta.

Con la llegada del verano la gente sale a la calle, las ciudades se llenan de turistas, las playas de bañistas y salen a relucir los intrusos

Todos hemos podido ver tanto en la playa como en la ciudad grupos de personas dando masajes en plena calle sin una titulación sanitaria y sin las condiciones de higiene necesarias.

Por suerte, la mayoría de las personas no se arriesga a sentarse con este tipo de individuos, pero ¿cuántos de nuestros amigos/conocidos acuden a la casa de… que dicen que es muy bueno, o al centro de masajes… cuando tienen alguna patología, les duele la espalda o el cuello…? Por desgracia esto es más normal de lo que nos gustaría.

El fisioterapeuta es el único profesional sanitario con un título universitario, capaz de realizar un diagnóstico y de tratar una afectación musculoesquelética, por su puesto, en equipo con otros profesionales sanitarios (psicólogos, médicos, odontólogos, etc.).

La clave de cualquier profesión sanitaria es el diagnóstico.

Es el proceso más complejo y el origen de todos los quebraderos de cabeza de las personas que nos dedicamos a la salud, por ello nos formamos, leemos y estudiamos a diario, para poder ofrecer un buen servicio y lo más importante porque nos importa la salud de nuestros pacientes.

Tristemente la ignorancia es muy atrevida, cualquier persona con un curso de pocos fines de semana en el que le “mal enseñan” varios “trucos” de evaluación y tratamiento se ve capacitado para ofrecer sus servicios a personas con problemas de salud, cayendo primero en un delito de intrusismo laboral y segundo y mucho más grave, poniendo en riesgo la salud de las personas que se ponen en sus manos.

Nadie se echaría las manos a la cabeza si dijéramos que la única persona que tiene competencias para operar un tumor es un médico cirujano, o para realizar los planos de una casa es un arquitecto, porque aunque haya médicos o arquitectos malos, estos nos aseguran unos mínimos de