Pinzamiento de cadera: qué es, por qué duele la ingle y qué se puede hacer

En corto: el pinzamiento de cadera ocurre cuando el hueso del muslo y la pelvis chocan entre sí en ciertos movimientos, en lugar de deslizarse con holgura. Ese roce repetido irrita el cartílago y el anillo que rodea la articulación.

El aviso más típico no es dolor en la cadera «de fuera»: es una molestia profunda, en la ingle, que aparece al ponerte en cuclillas, al sentarte mucho rato o al girar el cuerpo con el pie fijo en el suelo. Muchos la señalan con la mano en forma de C alrededor de la cadera.

Hay un gesto que veo cada semana en consulta. Le pido a alguien que me enseñe dónde le duele y, sin pensarlo, coloca la mano en forma de C rodeando la parte alta de la cadera, con el pulgar por detrás y los dedos hacia la ingle. Tiene hasta nombre en la literatura médica: el signo de la C. Y cuando lo veo, ya sé que probablemente no estamos ante una simple contractura.

El pinzamiento de cadera, que en los informes médicos aparece como síndrome de choque femoroacetabular o con las siglas FAI, es una de las causas más frecuentes de dolor de cadera en gente joven y activa. Sobre todo si haces deporte con cambios de dirección: fútbol, pádel, baloncesto, hockey. También aparece en quien pasa muchas horas sentado.

Te cuento qué está pasando ahí dentro, cómo distinguirlo de otras cosas que duelen en la misma zona y qué opciones hay de verdad, incluyendo lo que dicen los estudios sobre operarse o no.

Qué es exactamente el pinzamiento de cadera

La cadera es una articulación de bola y cavidad. La bola es la cabeza del fémur (el hueso del muslo) y la cavidad es el acetábulo, un hueco en la pelvis. En una cadera que funciona bien, la bola gira dentro de la cavidad sin tocar los bordes, con margen de sobra.

En el pinzamiento, ese margen no existe. Hay un choque entre ambos huesos al llegar a determinadas posiciones, sobre todo cuando flexionas la cadera y la giras hacia dentro. Es decir: agacharte, sentarte bajo, subir la rodilla al pecho, o girar con el pie clavado en el suelo.

Y ese choque, repetido miles de veces, va irritando dos estructuras que están justo en el borde: el labrum (un anillo de fibrocartílago que sella la articulación, como la junta de goma de una tapa) y el cartílago que recubre el hueso.

Hay dos formas de que suceda, y no son excluyentes. En unas caderas la bola no es del todo redonda y tiene una prominencia en el cuello del fémur, lo que se conoce como tipo cam. En otras, la cavidad cubre demasiado la bola y hace de tope, el tipo pincer. Y bastantes personas tienen una mezcla de las dos.

Un matiz que importa mucho, y que casi nadie explica: tener esa forma de cadera no es lo mismo que tener el síndrome. Se encuentran caderas con morfología cam en muchísima gente sin ningún dolor, especialmente en deportistas que empezaron pronto. Para hablar de pinzamiento hacen falta las tres patas a la vez: la forma, los síntomas y los hallazgos en la exploración. Solo con una radiografía no basta.

Cómo se nota: las señales que lo delatan

El dolor del pinzamiento tiene personalidad propia. Estas son las pistas que más nos orientan:

  • Dolor profundo en la ingle, no en la parte de fuera de la cadera. Si te duele por fuera, sobre el hueso que sobresale, apunta más a los tendones de esa zona (mira nuestra guía sobre el dolor de cadera al dormir de lado).
  • Empeora al estar sentado mucho rato, sobre todo en asientos bajos o en el coche. Mucha gente nota que necesita estirar la pierna o cambiar de postura constantemente.
  • Molesta al ponerse en cuclillas o al agacharse del todo. Levantar peso desde abajo suele ser el gesto delator.
  • Duele al girar con el pie apoyado: al cambiar de dirección corriendo, al chutar, al golpear en pádel.
  • A veces hay bloqueos, chasquidos o sensación de que la cadera se traba. Eso apunta más a que el labrum ya está afectado.
  • Cuesta ponerse los calcetines o atarse los cordones de ese lado.

Lo que no suele ser: un dolor que aparece de golpe tras un golpe concreto, ni un dolor que baja por detrás de la pierna hasta el pie. Eso último se parece más a lo que contamos en el artículo sobre el dolor de glúteo que baja por la pierna y no es ciática.

Lo que se confunde con esto (y es muy fácil confundirlo)

La ingle es un cruce de caminos. En muy poco espacio conviven la articulación, varios músculos potentes, tendones, el pubis y estructuras que ni siquiera son del aparato locomotor. Por eso el dolor de ingle es uno de los diagnósticos más resbaladizos que hay.

Estas son las confusiones más habituales:

Pubalgia o dolor de aductores. Muy frecuente en futbolistas, y a menudo va de la mano del pinzamiento (una cadera rígida obliga al pubis y a los aductores a trabajar de más). Lo desarrollamos en la guía de pubalgia en el deportista.

Psoas. El flexor principal de la cadera. Cuando está irritado da un dolor profundo en la ingle muy parecido, pero se comporta distinto: molesta más al levantar la rodilla contra resistencia que al llegar al final del movimiento.

Artrosis de cadera. Comparte la localización en la ingle y la rigidez, pero suele darse en personas de más edad y con más limitación al girar. Aquí tienes la diferencia bien explicada en el artículo sobre la artrosis de cadera. De hecho, se cree que un pinzamiento mantenido durante años puede ser uno de los caminos hacia la artrosis, y por eso conviene no dejarlo correr.

Dolor referido de la zona lumbar. Un problema de la espalda baja puede proyectar molestia hacia la ingle sin que la cadera tenga nada.

Si quieres el panorama completo de todo lo que puede doler ahí, tienes nuestra guía de dolor de ingle.

Cómo lo valoramos en RP Clinic

La valoración empieza por escuchar bien. Qué gestos lo disparan, cuánto llevas así, si hubo un desencadenante, qué deporte haces y con qué frecuencia. En un pinzamiento, la historia ya orienta muchísimo antes de tocar nada.

Después exploramos el movimiento de la cadera en todas sus direcciones, con especial atención a la rotación hacia dentro con la cadera flexionada, que es donde el choque se hace evidente. Comparamos siempre con el otro lado. Miramos también la fuerza de los glúteos, de los aductores y del psoas, y cómo te mueves de verdad: cómo te agachas, cómo apoyas al caminar, cómo aguantas a una pierna.

Ese último punto es más importante de lo que parece. Una cadera que choca suele venir acompañada de un patrón de movimiento que agrava el choque, y ahí es donde tenemos margen real de trabajo.

Una nota honesta sobre pruebas de imagen: la ecografía no ve el interior de la articulación de la cadera. Nos sirve para valorar tendones, aductores o bursas, que es mucho, pero el labrum y la forma del hueso se estudian con radiografía y resonancia. Si tu caso lo necesita, te lo decimos claramente y te orientamos hacia la valoración médica que corresponda.

¿Operarse o no? Lo que dicen los estudios

Esta es la pregunta que llega a consulta con más angustia, así que vamos con los datos y sin adornos.

El estudio de referencia es el ensayo británico UK FASHIoN, publicado en The Lancet en 2018. Repartieron al azar a 348 pacientes con síndrome de choque femoroacetabular en 23 hospitales: unos fueron a artroscopia de cadera y otros a un programa de fisioterapia individualizado y progresivo (Griffin y cols., Lancet 2018, según PubMed).

Los resultados, en cristiano:

  • Los dos grupos mejoraron su calidad de vida a los 12 meses. Los dos.
  • La cirugía mejoró algo más: 6,8 puntos de diferencia en la escala usada, justo por encima del umbral que se considera clínicamente relevante (6,1 puntos).
  • Pero hubo más efectos adversos en el grupo operado (72 % frente a 60 %), y una persona desarrolló una infección articular tras la cirugía.

¿Cómo se traduce eso en una decisión? La cirugía tiene su papel y en algunos casos es lo indicado, eso es indiscutible. Pero la diferencia frente al tratamiento conservador fue modesta, y el tratamiento conservador no conlleva riesgo quirúrgico. Por eso, en la mayoría de casos, lo razonable es empezar por un programa de ejercicio bien pautado y darle tiempo suficiente, reservando la valoración quirúrgica para quien no responde o tiene una lesión estructural que lo justifique.

Ojo con un detalle del estudio que se pasa por alto: la fisioterapia que funcionó no era «hacer unos estiramientos». Era un programa individualizado, supervisado y progresivo. Ahí está la diferencia entre que funcione o no.

Qué hacemos en el tratamiento

No podemos cambiar la forma de tus huesos. Lo que sí podemos cambiar, y mucho, es cómo se mueve esa cadera y cuánta carga aguanta antes de quejarse.

El trabajo suele ir por estas líneas:

Bajar la irritación primero. Terapia manual para la musculatura que está apretando de más (psoas, aductores, glúteo profundo) y ajustes temporales de la actividad para dejar de alimentar el problema. No es parar del todo: es dejar de repetir el gesto que choca mientras la zona se calma.

Ganar movilidad donde se pueda. Sobre todo en la rotación hacia dentro y en la flexión. Con trabajo específico y respetando el tope óseo, que existe y no se fuerza.

Fuerza, que es donde está el cambio de verdad. Glúteos (medio y mayor), rotadores profundos, abdomen y aductores. Una cadera fuerte y bien controlada llega mucho menos veces a la posición de choque. Este es el pilar del tratamiento y el que requiere constancia.

Reeducar el gesto. Enseñarte a agacharte de otra forma, a repartir la carga, a girar sin llevar la cadera al tope. En deportistas, adaptar el gesto técnico que lo dispara.

Volver a tu deporte con criterio. Progresando la carga por etapas, no de golpe. Trabajamos con deportistas a diario, incluidos los del CD Móstoles URJC, del que somos servicio oficial de fisioterapia, y una de las cosas que más repetimos es que la vuelta precipitada es la causa número uno de recaída.

Puedes ver cómo enfocamos las lesiones deportivas en nuestra Unidad del Deportista, y el panorama general en la guía de dolor de cadera en Móstoles.

Qué puedes empezar a hacer mientras tanto

Sin sustituir una valoración, hay cosas que suelen aliviar desde ya.

Revisa cómo te sientas: los asientos bajos y hundidos llevan la cadera justo a la posición de choque. Sube un poco la altura, evita cruzar la pierna de ese lado y levántate cada media hora. Si conduces mucho, sube el asiento.

En el gimnasio, ajusta la profundidad. No hace falta que abandones la sentadilla: baja hasta donde no notes el pinchazo en la ingle y trabaja ahí. Cuando la cadera gane tolerancia, la profundidad vuelve sola.

Y camina. Caminar en llano rara vez molesta y mantiene la articulación nutrida y en movimiento.

Lo que no recomiendo: forzar estiramientos llevando la rodilla al pecho a lo bruto (es exactamente el gesto que choca), ni aguantar meses pensando que «es una contractura y ya se pasará». El pinzamiento no se pasa solo, pero responde muy bien cuando se trabaja con criterio.

Preguntas frecuentes

¿El pinzamiento de cadera se cura sin operar?

En muchos casos se controla muy bien sin cirugía. El ensayo UK FASHIoN mostró que un programa de fisioterapia individualizado y progresivo mejora de forma clara la calidad de vida de estos pacientes, aunque la artroscopia obtuvo algo más de mejoría. Como el tratamiento conservador no tiene los riesgos de una operación, lo habitual es empezar por ahí y reservar la valoración quirúrgica para quien no responde.

¿Puedo seguir haciendo deporte con pinzamiento de cadera?

Casi siempre sí, adaptando la carga y algunos gestos. Lo que conviene evitar durante la fase irritada son los movimientos que llevan la cadera al tope de flexión y rotación interna de forma repetida. El objetivo no es que dejes tu deporte, sino que la cadera aguante hacerlo.

¿Por qué me duele la ingle y no la cadera?

Porque la articulación de la cadera está mucho más adentro y hacia delante de lo que la gente imagina. El dolor articular se percibe en la ingle, no en la parte de fuera. Cuando duele por fuera, sobre el hueso que sobresale, el origen suele ser tendinoso y no articular.

¿Un pinzamiento acaba siempre en artrosis?

No, no siempre. Sí se considera que un choque mantenido durante años puede dañar el cartílago y favorecer la artrosis a la larga, y esa es una razón de peso para no dejarlo sin tratar. Pero muchas personas con esta forma de cadera nunca desarrollan problemas.

¿Cuánto tarda en mejorar?

Con un programa bien llevado, la mayoría nota cambios en las primeras semanas, aunque el trabajo de fuerza y control necesita meses para consolidarse. Depende mucho del tiempo que lleves con el problema y de la exigencia a la que sometas la cadera.

Si lo tuyo es un chasquido de cadera sin dolor, lee esto antes de preocuparte: crujidos articulares.

Trabajamos con deportistas de Móstoles y alrededores, federados y populares. Puedes ver cómo enfocamos la recuperación y la vuelta a competir en la página de lesiones deportivas.


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Artículo firmado por Marcos Valcarce, fisioterapeuta colegiado nº 17.544 en RP Clinic · Centro de Fisioterapia Avanzada (Móstoles), especializado en fisioterapia deportiva y readaptación. Última actualización: 27 de agosto de 2026.

Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye una valoración presencial. Si tienes dolor de cadera que no mejora, conviene que lo valore un profesional. Estamos en C/ Río Genil 17, Local 3, Móstoles (entrada por Paseo de Arroyomolinos).